El príncipe azul o la bella durmiente no existen y el amor real es muy diferente a lo que pintan las películas de Hollywood, sin embargo sí es posible que logres un vínculo amoroso sólido y mantenerlo a lo largo del tiempo.

Arraigadísima en nuestro ADN, la idealización que tenemos del amor es el primer factor que juega en contra a la parejas de hoy en día. El amor apasionado que te enamora, que te hace soñar al comienzo de la relación, dura poco. Cuando una relación toma un empujón y continúa tras los primeros meses de enamoramiento, va mutando. La dosis de deseo; compañerismo- ternura; y empatía con el otro – los tres componentes del amor de pareja – van cambiando según pasan los años. La pura emoción, exaltación y entusiasmo es propia del primer tiempo y es esperable que vaya apagándose, porque de continuar así, no te conduciría hacia lugares sanos y maduros, sino más bien hacia vínculos tóxicos y co-dependientes.

La pasión comienza a dar lugar a un proceso que está lejos de la varita mágica o las escenas románticas de cualquier película, y requiere en cambio, de la razón y de un importante esfuerzo personal que te permita conciliar con la visión del otro acerca de la vida en común.

No es necesario buscar el alma gemela, hay que tener a alguien, y con él o ella ponerse a construir, a lo largo del tiempo…

Como dice John Gray, autor de “Venus al rojo vivo, Marte bajo cero”:

“Cuando estamos en la etapa de la luna de miel en una relación, es fácil ser inmunes a muchas situaciones estresantes de nuestra vida. Pero en cuanto la novedad del amor se esfuma, nos volvemos de manera inevitable y paulatina vulnerables al masivo estrés que nos rodea. Si logramos recordar que las acciones y respuesta cariñosas de nuestra pareja durante la luna de miel no eran más que un atisbo de la vida que podemos gozar juntos, nos llenaremos de esperanza en lugar de desesperanza. Nos sentiremos motivados a responsabilizarnos de nuestra felicidad sin echarle la culpa a nuestra pareja, lo cual nos permite darle un amor incondicional.”

Las parejas que se mantienen con el correr de los años – a contracorriente de “los amores líquidos” de ahora – lo han hecho en base a dos cosas: cambiaron el idealismo por el realismo y se sacaron de la cabeza la creencia de que, en una relación, temas fundamentales como la comunicación o el sexo vayan a fluir naturalmente. Es necesario trabajar para el amor, al igual que en los demás aspectos de nuestra vida. Trabajar no significa esforzarse o sufrir. Es conseguir lo que no va a llegar espontáneamente o porque quieras que el otro cambie.

4 Consejos para salir del estancamiento o crisis con tu pareja:

1. Por lo menos una vez a la semana dedica un tiempo para compartir y estar junto a tu pareja: sal a cenar, a ver una película, conversa de temas que no tengan que ver con los hijos o el trabajo.

2. Busca el espacio y el propio estilo personal para tocarlo/la más. La falta de besos y caricias va generando una distancia enorme en la pareja que rara vez cambia por sí sola, e incluso es uno de los motivos de buscar intimidad fuera de ella. Habida cuenta de que los expertos señalan que el 80% de la comunicación es no verbal, es fundamental que pongas gran atención a los detalles que – con el correr de los años – se vuelven cada vez más importantes.

3. No trates mal a tu pareja. Debes comprender que las parejas que funcionan bien son aquellas que tienen desacuerdos y hasta incluso exabruptos, pero que aprendieron a autorregularse. Es por esto que es fundamental que no trates mal a tu pareja ni lo descalifiques frente a terceros.

4. La escucha, la negociación y la adaptabilidad frente a los cambios constantes de la vida y de la relación son una clave importante para que logres seguir adelante en tu relación con el correr de los años. Pero sin hacerlo por supuesto a cualquier precio.

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