Te has topado más de una vez con hombres o mujeres, que ya sea que viven con sus padres o cerca de la casa familiar, y que en apariencia son personas responsables, trabajadoras y emprendedoras, son por sobre todo “buenos hijos”? Personas de entre 30 y 50 años que nunca establecieron una relación de pareja que durara más de unas cuantas semanas o meses. Alegando el coherente pretexto de haber estado enfocados en sus estudios, su carrera, tener que cuidar de sus padres, haber transitado la muerte de alguno de ellos a muy temprana edad, o simplemente haber tenido “mala suerte” en el amor.

Comprende de forma más profunda sus motivos:

1. Si bien cumplen algunos roles adultos como trabajar, ganar dinero, viajar solos o con amigos, cuidar de su salud, etc., en el fondo se hallan incapacitados para verse a sí mismos como adultos emocionalmente hablando. Se han quedado cristalizados como eternos niños, inmaduros para las exigencias emocionales que requiere una relación de pareja estable, con otro adulto – así como para gozar de los placeres que esta misma les podría reportar.

2. La situación de independizarse física o emocionalmente de sus padres les provoca pánico por haber establecido una relación simbiótica afectivamente, que nunca se ha llegado a separar. El pensamiento inconsciente de “nadie me va a comprender  y tolerar como mi madre”, o “nadie me va a querer y cuidar como mi padre” es un cliché, pero sin duda, una creencia metida en lo más profundo de sus células. Ya decía el filósofo Erich Fromm que “en individuos inmaduros la libertad – de elegir, de ser, de innovar – produce miedo”.

¿Y por qué se produce esto? En el transcurso de la niñez y de la adolescencia muchas veces las madres o los padres establecen una relación de “pareja” con sus hijos, haciéndolos depositarios de sus pensamientos más íntimos, de sus expectativas, de sus deseos y frustraciones, como si fueran el mejor amigo/a de ese padre o madre. Rol que es asumido progresivamente por ese niño/a .  Este mismo rol, asimismo, le brinda al niño/a un lugar de “elegido/a” más que de hijo/a.  Lo que parece maravilloso al comienzo termina siendo un estorbo para el crecimiento y maduración. Porque para madurar, el niño/a tiene que poder experimentar, elegir, alejarse, para poder después volver cuando lo necesite o desee.  Lo mismo que en las relaciones amorosas que se van construyendo desde la juventud, es mejor experimentar, conocer, probar, para después poder elegir con libertad y autoconfianza.

3. Con la situación de inestabilidad económica de estos tiempos, esta dificultad para crecer y amar encuentra también las excusas más justificadas y variadas: “no tengo trabajo estable para irme de casa”, “con lo que gano mejor ahorrar en alquiler para poder viajar o comprarme x cosa”, “ya he estado viviendo solo una temporada pero la cosa no me ha ido muy bien y he tenido que volver”, “¿para qué voy a gastar en alquiler con lo caro que está, si en casa de mis padres sobra espacio y estoy bien?”.

4. La dificultad para tener una pareja estable también se ve reflejada en algunos hombres y mujeres que viven solos o con amigos, pero que siguen sutilmente pendientes de su familia de origen, no pudiendo crear una relación afectiva o red social al margen de lo que es aceptable por su familia de origen. Aunque tengan buenos trabajos o carrera, siguen siendo esos niños/as emocionalmente caprichosos, que solo sus padres o familia podría tolerar. Como aquellos que no encuentran pares con los que relacionarse íntimamente por no querer exponerse, separarse  de su imagen interna idealizada de sí mismos (autoimagen), atravesar “el aburrimiento de una décima u onceaba cita”, hacer cosas no del todo placenteras o en el momento indicado, atender a las necesidades del otro y no solo a las propias, etc. Por no decir que para desear una pareja, hay que primero reconocer el vacío que causa el no tenerla, posibilidad que requiere valentía y honestidad, y que muchas veces rechazan de enfrentar.

No creo que sea realmente un problema no formar pareja, construir una familia o tener hijos, pero muchas veces escucho en mi consulta a estos mismos hombres y mujeres que en apariencia o en una primera entrevista dicen no desearlo, pero a medida que pasa el tiempo, reconocen cierta frustración o tristeza profunda por no haber podido cumplir su propio ideal de familia y encontrar un/a compañero/a con quien caminar la segunda mitad de sus vidas.

Por eso, el trabajo para todas aquellas personas que quieran salir de este círculo vicioso de aislamiento y soledad dentro del  propio seno familiar, o para aquellos que les falta una conexión más profunda con un otro par, es superar todos aquellos miedos y creencias que exigen la intimidad, la entrega, el exponerse, el crecer…

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